Label Cloud

domingo, 24 de febrero de 2008

Elogio del coeficiente blanco

.

por Orlando Barone*

La cultura blanca atribuye el color negro al mal. O a lo sombrío y negativo. Agujero negro, porvenir negro, lista negra, humor negro, suerte negra, negro como la muerte, historia negra. Las brujas, la mujer de la guadaña, Drácula, la capucha del verdugo, los heraldos, lucen de color negro. La viuda negra -araña o humana- seduce y copula, y se come al macho. Un colapso de la Bolsa es un día negro. Y también un fondo buitre. No hace falta explicar a qué se llama pozo negro.

Ahora un blanco -James Watson- acaba de aportar otro agujero, pero no negro sino blanco, a los ya incontables que oscurecen la cultura cumbre. Acaba de proferir que los negros serían menos inteligentes que los blancos. Ni siquiera adjudican el Premio Nobel y deben resignarse a que un comité blanco cada tanto se digne a concedérselo. Además se dejaron arrastrar desde Africa encadenados para ser explotados hasta que el blanco decidió liberarlos. Y está esa otra prueba fehaciente: La cabaña del tío Tom. La historia de un esclavo negro maltratado despiadadamente por sus amos blancos, a quienes la víctima perdona. Watson, que de niño debe de haber leído ese libro, se debe de haber dado cuenta, por el perdón, que Tom no era inteligente. Si no se hubiera vengado. Aquí, durante generaciones, en las películas de Tarzán nos dábamos cuenta de quién era allí el amo. Aunque nunca entendimos cómo sin poner trabas de pudor, nos dejaban ver esas películas donde las negras lucen en topless y Jane, que es blanca, siempre usa corpiño. Moraleja de aquella niñez: las negras sí, pero no las blancas.

A estas alturas quisiera ser tan obvio como para decir esta idiotez: "Los negros tienen mucho ritmo y mucho sexo, y los blancos tenemos a Watson".

Es curioso, pero se ha determinado que los rastros más antiguos del origen del hombre están en Africa. Sí, en Africa, y no en Boston ni en Zurich. Ni tampoco en el laboratorio caverna donde los genes son forzados a confesar verdades, pero también mentiras. Cráneos humanos de más de 150.000 años de antigüedad se encontraron hace poco en la región de Herto, en Etiopía. Por lo cual uno podría preguntarse:¿y si, entonces, Dios es negro? ¿ Y si es varón y tiene el aspecto de Mandela o de Cesaire Aimé, el poeta de la negritud, o del negro Rada?

Siguiendo ese origen africano, se podría sospechar que los blancos se apoderaron de la imagen de Dios y la blanquearon para creérsela afín. Es cierto que hubo papas negros, pero eran blancos. Lo que acaba de provocar la declaración del científico James Watson acerca de que "los negros tienen menos inteligencia que los blancos" es un tremendo "buraco" cavado en la sociedad mediática para causar escándalo. Los únicos que discriminan -en sentido contrario- entre un perro de paladar negro y otro de paladar neutro son los dueños de los perros. En cambio, en la selva, sin malas influencias, los gorilas negros aceptan sin desconfiar a gorilas albinos.

Habrá mucha gente blanca -y negra blanca que la hay- que al enterarse del pensamiento de Watson se sentirá interpretada sin tomarse el trabajo de medir su propio coeficiente. Es esa clase de gente que a lo sumo tolera un sueño negro para aliviarse de la vigilia mediocre.

No hay ninguna ley que impida al hombre más sabio hacerse el idiota o serlo. Un idiota triunfador sigue siendo un idiota. Y si tiene una inteligencia aguda corre el riesgo de una idiotez más intensa. La ciencia no tiene ideología: los científicos sí. Y a veces se superan.

*Periodista, escritor y docente universitario argentino. Actualmente es columnista del diario La Nación, la revista Debate y Radio Continental.


Fuente: La Nación - 21.10.2007


.

0 comentarios: