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miércoles, 10 de septiembre de 2008

El patrón y la lógica en la teoría del objeto en Lacan

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por Eduardo Aristizábal



“Lo que hace del objeto a ese algo
que puede funcionar
como equivalente del goce
es una estructura topológica”.
LACAN
1


Lacan tuvo que confrontar la Lógica para poder fundar, en términos psicoanalíticos, varios presupuestos de la teoría analítica y, en particular, para poder establecer una teoría de la sexuación que explicase el desfase existente entre el sentido fálico del hombre (sostenido por el universal) y el no-todo fálico de la mujer (a la que lo particular de su goce aísla de la función coactiva que ejerce el universal fálico); esto es ejercer la crítica de una teoría fundada en el universal aristotélico para dar cuenta de lo singular del sujeto, mostrando en qué la lógica formal es insuficiente para ésto2, y por qué es imprescindible apoyarse en las nociones de inconsistencia e incompletud3 y aplicarlas a la noción de discurso, para subsanar los baches que genera, en la teoría, sostener las distintas manifestaciones del gran Otro en psicoanálisis. De hecho, Lacan no intenta hacer lógica formal cuando aborda el modo silogístico del razonar propio de Aristóteles, ni lógica proposicional cuando rebate las aplicaciones filosóficas del uso proposicional de la verdad en matemáticas.

Veamos, por ejemplo, el uso que hace de los fundamentos de lógica matemática desarrollados por Frege. Lacan utiliza el razonamiento de Frege para ilustrar el carácter de exclusión interna del sujeto en tanto que éste está, como el cero, ocupando y no ocupando un lugar en la serie de las identificaciones sobre las que se soporta un individuo. Frege, al dar cuenta del lugar que ocupa el cero en la constitución de la serie de los números naturales, formula un concepto de cero tal que “cero es el número que pertenece al concepto «idéntico a cero, pero no idéntico a cero»”. Esta definición del cero, (que lo funda como concepto)4 es una aplicación del principio de inducción en aritmética. Sin embargo, no es por este lado de la inducción que está el interés de Lacan en Frege. Lo que Lacan valora es el procedimiento por el cual la noción de excluido queda articulada como un hecho de la estructura. Años más tarde, Lacan insistirá en esto mismo diciendo: “El término excluido tiene toda su importancia en nuestra topología”5, porque también en ésta la noción de exclusión es esencial para poder pensar la estructura, en tanto que es por la estructura topológica misma que adquiere sentido el término mismo de exclusión6. En otras palabras, Lacan no hace una aplicación de lo que otras disciplinas encuentran, elaboran, desarrollan o formalizan, más allá del esclarecimiento que pueden aportarle a la comprensión de lo que sucede en la práctica analítica. Así, cuando dispone de figuras de pensamiento precisas y las hace subsistir en su campo como metáforas, o cuando hace de dos conceptos diversos una homología posible, lo que intenta es hacer intervenir como patrones o modelos los conceptos con los cuales poder representar-se el funcionamiento de una forma determinada, si la hay, de la lógica de lo inconsciente.

Teniendo presente esto, fue que supuse que un título adecuado para este trabajo podía ser el que hoy presento: El patrón y la lógica. De hecho, ubico en él, de entrada, los términos que introducen el marco que creo más conveniente para poder hacer una presentación de la problemática del objeto acorde con lo que el psicoanálisis plantea. A la pregunta: ¿cuál es la lógica que hace posible el estudio del objeto en psicoanálisis?, habría que responder: una lógica del lugar en tanto lógica del comportamiento de los objetos en un espacio bidimensional7 con la que poder ilustrar el modo peculiar de funcionamiento del objeto, sin espesor ni cualidad, del psicoanálisis8.

De hecho, el procedimiento analítico con el que se busca retrotraer y hacer patente, a la conciencia del individuo, la dialéctica pulsional que delata su singularidad más característica y la de su así llamada verdad subjetiva, es fácilmente ilustrable con el modo de operar propio del proceso de deconstrucción de los objetos topológicos. Sobre la figura de un “cross-cap”, por ejemplo, se puede operar topológicamente para separar y aislar la banda de Möebius que lo constituye del disco que lo complementa, de tal suerte que este objeto que así se ha hecho surgir deviene como habiendo estado oculto a la vista y siendo irrepresentable antes de la manipulación topológica de la figura. Se podría de esta manera ilustrar el modo como debería aislarse y hacer caer el objeto a luego de las manipulaciones que sobre el sujeto del inconsciente hace el analista si la banda de Möebius efectivamente sirve para ejemplificar el sujeto del inconsciente y si el disco aislable del “cross-cap” pudiera servir para representar la caída del objeto a9. En efecto, con el recurso a la topología, Lacan pretende ilustrar el modo como un sujeto debe poder desprenderse del objeto o de los objetos que traban su relación con el Otro y con los otros, pues si el individuo está enfermo, lo está por el modo que tiene de relacionarse con el otro vía el objeto. Sacudirse de la enfermedad no es otra cosa que sustraerse a una tal determinación10.

En este sentido, y sólo en este sentido, Lacan usa la topología para intentar darle un piso de cientificidad a lo que de otra manera no pareciera ser más que el ejercicio incomprensible de una técnica chamánica, toda vez que el psicoanálisis funciona para las personas que acuden a él puesto que las libera al transformar la posición subjetiva que las mantiene atadas al otro, sustrayendo aquello que en su psiquismo ordena la lógica del encadenamiento significante impuesta por el gran Otro que les haya tocado en suerte. Así, lo que algunos llaman fatalidad del destino es lo que el psicoanálisis llama compulsión de repetición.

¿Cómo elevar ese saber-hacer del psicoanalista a la categoría de ciencia? ¿Aspirar a la cientificidad de esta práctica singular supone factible la formulación de una ciencia de lo particular llamada, en adelante, psicoanálisis? En el seminario XII, Problemas cruciales para el psicoanálisis (1964-65), Lacan plantea este problema de la siguiente manera: “Aquellos que tienen una formación suficiente para entender este llamado que hago de la tentativa de homogeneizar el singular con el universal, saben también las dificultades que ese razonamiento planteaba a la lógica clásica y que ese estatuto de lo singular, sólo puede ser dado de un modo mejor en la aproximación de la lógica moderna, más no sólo, pues me parece que no puede ser acabado más que en la formulación de la lógica a la cual nos da acceso la verdad y la práctica analítica”11. Esta lógica, ‘a la cual nos da acceso la verdad y la práctica analítica’, es la que ordena la dependencia del sujeto respecto del gran Otro según una relación de goce procedente de la naturaleza misma del objeto al cual el sujeto está sujetado.

¿Cuál podría ser la lógica adecuada al psicoanálisis una vez se encuentra que el goce tiene una función concentracionaria por el modo como interviene sobre el sujeto al ser capaz de modelar el psiquismo y hacer nudo en su estructura? En el Seminario De un otro al Otro (1968-69), Lacan hace la observación siguiente: “La ideología analítica [...] es de una torpeza destacable que se explica por esto: la no construcción de una topología adecuada”12. Lacan dirá allí que la topología de la que se trata –y remarca: la del goce– es la topología del sujeto. Del seminario VIII nombrado La transferencia (1960), al seminario XVI, conocido como De un otro al Otro (1968), se opera en Lacan un cambio de registro y de énfasis que tiene como centro la problemática del goce. Aunque la topología fue desde muy temprano una referencia fundamental en su pensamiento (no habrá año ni seminario en el que no aluda a ella), tal cambio de registro –por el énfasis puesto en la problemática del goce–, dejará su huella en la forma de abordar la problemática del objeto. De esto podemos hacer un seguimiento preciso.

Para la época en que presenta los mecanismos de la transferencia, Lacan concibe el objeto como un equivalente metonímico del objeto perdido, en tanto que tal equivalencia le es impuesta por la condición metonímica que presenta el lenguaje, condición que obliga, de hecho, a la deriva del objeto, toda vez que el sujeto que se aliena en el objeto ya es, para Lacan, lo que un significante representa para otro significante. En ese seminario sobre la transferencia lo dice expresamente: “Quienes me escuchan, si me oyen, han podido tener, desde hace tiempo, algo más que una sospecha acerca de las precisiones formales que podemos aportar sobre la parcialidad del objeto, en la medida en que tiene la más estrecha relación con la función de la metonimia”13. Esto lo dijo Lacan cuando aún no había puesto a jugar la dialéctica del goce para el establecimiento de lo real del objeto. Cuando lo real del objeto se le impone en tanto goce, el problema de cómo situar el objeto excede la analogía lingüística y pasa a ser, fundamentalmente, un problema de consistencia lógica.

Diana Rabinovich, sitúa esta cuestión de la siguiente manera: “El intento de Lacan es separar a dicho objeto del enfoque fenomenológico hasta entonces imperante, por ejemplo en el kleinismo. Por esta razón el objeto a no es el objeto parcial, aun cuando su teorización se apoye en dicho objeto. Lacan intenta pues fundarlo en una existencia lógica, no en una existencia de hecho y en esa búsqueda el examen de la consistencia del Otro del significante es un paso indispensable. El Otro del significante es inconsistente por su dependencia misma de la estructura del lenguaje y la imposibilidad de la misma de asegurar la existencia de la relación sexual, de asegurar al sujeto una identidad sexuada, a más de su incapacidad de asegurarle una identidad a secas. El objeto a es precisamente ese resto de la concatenación significante misma donde esa imposibilidad se hace presente. Pero ese resto deja de ser metáfora para devenir real lógico, vale decir, imposible lógico”14.

Las profundizaciones teóricas que adelanta Lacan en torno a lo real del objeto, si bien obedecen a la dinámica propia del pensamiento que está en busca de sus propios fundamentos, propenden también por restablecer el carácter profundamente revolucionario del psicoanálisis. Este sentido que se estaba perdiendo con las desviaciones hacia el ideal de la normalización y la adaptación del yo, impulsadas por ciertas corrientes psicoanalíticas que habían vuelto la espalda al descubrimiento del sentido de la represión para el establecimiento de la cultura, era necesario restablecerlo también para poder estar a la altura de esa misma civilización que disolvía esa cultura del ideal en un mar de goce. Si no es la lógica del falo sino el imperativo de goce el que hoy rige las relaciones que establecen entre sí los individuos, ¿qué patrón usar para explicar la dinámica del objeto y qué lógica seguir para dar cuenta científicamente de la problemática subjetiva que ésta encierra?

He ahí la cuestión. La problemática subjetiva sigue siendo la misma que se planteaba en tiempos de Marx: la problemática que involucra al sujeto y al otro en una relación de dependencia y exclusión mutua. Ahora bien, es un hecho que la problemática que presenta la dependencia que se tiene del otro no tiene resolución en el ámbito social, por tratarse de una problemática intrínseca al sujeto. Como afirmó Lacan: “Si hacemos del hombre, no ya lo que vehiculiza un futuro ideal, sino si lo determinamos por la particularidad, en cada caso de su inconsciente y de la manera en que goza de él, el síntoma queda en el mismo lugar en que lo ha puesto Marx. Pero adquiere otro sentido: no es un síntoma social, es un síntoma particular”15.

La relación del sujeto con el otro es una relación de dependencia mutua en tanto que está mediada por el objeto causa de deseo que une al sujeto con el gran Otro. Una fórmula adecuada para expresar mejor esto es la que utiliza Rabinovich en su libro La angustia y el deseo del Otro. Dice allí “Este objeto como causa es el lugar desde donde deseo causar el deseo del Otro”. Sin embargo, como ella misma señala, “este objeto tiene una característica problemática que ha generado incontables discusiones: ¿De quién es este objeto? ¿Es acaso del Otro? El Otro, empero, no lo sabe. ¿Es del sujeto?, el sujeto tampoco sabe que está en esa posición. En realidad, no es ni del uno ni del Otro. Por ello este vuelco es solidario de la topología, que entraña la constitución de un espacio sin interior ni exterior, sin adentro ni afuera, un espacio que permite pensar de una manera nueva el problema de los límites de la subjetividad humana, porque no se puede hablar de que el objeto sea ni del otro ni del sujeto”16. En consecuencia, siguiendo con lo que veníamos tratando de la problemática subjetiva que encierra el goce, si con la plusvalía no se designa sólo el más de valor apropiable por un otro sino también el más de goce del que se está prisionero, la lógica de clases no puede ser la que se aplique para dar salida al impasse psíquico que la civilización del goce plantea a los sujetos. ¿Cuál es aquí el patrón que rige y cuál la lógica que lo determina?

Entre líneas he venido insinuando, desde un inicio, que para dar respuesta a una pregunta como ésta se requiere determinar primero la naturaleza específica del modelo usado por Lacan para dar cuenta del objeto que queda como resto de la operación de separación del Otro: el objeto a. Ahora podemos afirmar sin ninguna duda, ayudados en esto por las observaciones de la señora Rabinovich, que este modelo no puede ser otro que el modelo usado en topología para dar cuenta de este fenómeno de interdependencia recíproca. Sin embargo es necesario que tengamos en cuenta también esta otra propiedad del objeto en psicoanálisis: el objeto no existe en sí ni por sí, pues antes que indicar un objeto designa un lugar y un modo de relación, y por tanto, no connota existencia real alguna por fuera de la relación misma que lo sostiene. Ahora bien, el objeto a denota el punto más alto de alineación alcanzado por un sujeto en tanto que es aquello por lo cual un sujeto se mantiene unido al Otro y se halla sometido, de alguna manera, a su arbitrio. Pero, es necesario recalcarlo, esta condición de sometimiento al Otro responde menos por el lugar que ocupa un sujeto en la estructura social que por la dinámica en la que está inserto ese sujeto en tanto que sujeto inscrito en una familia y en una tradición, pues es dentro de esa familia y en esa tradición que el sujeto es nombrado por el Otro y adquiere, por esto, su estatuto de sujeto como tal, estatuto que designa el modo específico de relación posible de ese sujeto con el gran Otro, en términos que son propios del registro de lo imaginario y del registro de lo simbólico17.

Con lo anterior podemos adelantar que el interés mostrado por Lacan en la topología obedece a que el corte del objeto topológico –corte que se sustenta en la razón matemática– podría dar cuenta de la posibilidad de develar la aplicación rigurosa de una cierta lógica del corte en psicoanálisis. De hecho, esta lógica del corte versa sobre el buen o mal corte que puede hacerse durante la sesión analítica18. La razón matemática es aquí relativa a la cientificidad del análisis en cuanto a que la pregunta hecha sobre el patrón y la lógica indaga justamente sobre el fundamento matemático del corte. De ahí el recurso a la topología en tanto que da la medida del comportamiento del objeto en un espacio bi-dimensional en el que la manipulación del objeto –y de creación de otros objetos mediante cortes– es posible según la lógica propia del objeto topológico sostenida por la razón matemática19.

Esto que aquí se afirma, sin embargo, no resultó ser más que un intento –óigase bien– de fundar científicamente lo que tal vez sea de suyo un imposible, pese a que Lacan llegó a suponer, en la topología de nudos, el basamento científico de su teoría del psiquismo, hasta llegar a afirmar, incluso, que el nudo de tres era lo real de la estructura. Esto lo afirmó Lacan por la época en que intentó hacer de la topología de nudos el soporte científico del modo como estaría organizado el psiquismo, en tanto que el psiquismo de un sujeto tendría –deducible según la manera como se hubiera configurado el nudo– una determinada estructura resultado de la forma como hubiera intervenido cada uno de los tres registros: imaginario, simbólico y real (abarcadores de toda la experiencia vivida por un sujeto), en la conformación de la estructura subjetiva que aseguraba el nudo. En efecto, cuando afirmó: “El nudo no es el modelo, es el soporte. No es la realidad, es lo Real”20, no creía estar haciendo ninguna metáfora21. Según él, ahí estaba la posibilidad de darle un soporte creíble y sostenible a la estructura. Sin embargo, un año después, Lacan afirmará en Bruselas, ante un público estupefacto, lo siguiente: “el psicoanálisis es una estafa”. Permítanme, al respecto, una larga cita para dar cuenta de esto último:

“Pienso que, estando ustedes informados por los belgas, ha llegado a sus orejas que yo hablé del psicoanálisis como pudiendo ser una estafa. Es sobre lo cual insistía haciendo dar vueltas a mis letras, y hablándoles del S¹ que parecía prometer un S². Hay que recordar a propósito de esto que yo dije, en su momento, que un significante era lo que representa el sujeto para otro significante. ¿Qué deducir de ello? Voy a darles una indicación, aunque más no sea para esclarecer mi ruta, porque no va de suyo. El psicoanálisis es quizá una estafa, pero no es cualquiera –es una estafa que cae justo en relación a lo que es el significante, o sea algo muy especial, que tiene efectos de sentido. También bastaría con que yo connote al S², no por ser el segundo en el tiempo, sino por tener un sentido doble, para que el S¹ tome su lugar correctamente22.

“El peso de esta duplicidad de sentido es común a todo significante. [...] A este respecto, el psicoanálisis no es más una estafa que la misma poesía. [...] La poesía se funda precisamente sobre esta ambigüedad de la que hablo, y que califico de doble sentido. Ella parece resultar de la relación del significante al significado, y se puede decir en cierto modo que es imaginariamente simbólica. Si en efecto la lengua –es de ahí que Saussure toma su punto de partida– es el fruto de una maduración, de una madurez, que se cristaliza en el uso, la poesía resulta de una violencia hecha a este uso, de la que tenemos algunas pruebas– si evoqué la vez pasada a Dante y la poesía amorosa, es precisamente para marcar esta violencia. La filosofía hace todo para borrarla, por lo cual ella es el campo de ensayo de la estafa. Es por eso que, también, no se puede decir que la poesía no juegue allí a su manera, inocentemente, lo que he connotado recién como lo imaginariamente simbólico. Eso se llama la verdad.

“Eso se llama la verdad especialmente sobre la relación sexual, a saber que, como quizá lo dije primero que nadie, la relación sexual, no la hay. No la hay, propiamente hablando, quiero decir en el sentido en que algo haría que un hombre reconociera forzosamente a una mujer. Yo, tengo esta debilidad de reconocer-la, pero estoy lo bastante advertido como para haber hecho observar que no hay la. Eso coincide con mi experiencia –no reconozco todas las mujeres. La relación sexual, no la hay, pero eso no va de suyo. No la hay, salvo incestuosa. Es muy exactamente eso lo que adelantó Freud –no la hay, salvo incestuosa, o asesina. El mito de Edipo designa esto, que la única persona con la cual uno tiene ganas de acostarse, es su madre, y que al padre, se lo mata. Esto es incluso tanto más probable cuanto que no se sabe que son vuestro padre y vuestra madre. Es exactamente por eso que el mito tiene un sentido –Edipo ha matado a alguien que no conocía, y se acostó con alguien de quien no tenía ninguna idea de que fuera su madre. Eso quiere decir en suma que sólo la castración es verdadera. Al menos, con la castración, uno está seguro de escapar a ello. No es tanto del asesinato del padre que se trata como de su castración, la castración pasa por el asesinato. En cuanto a la madre, lo mejor que se pueda hacer con ella, es cortárselo, para estar seguro de no cometer el incesto.

“Quisiera lograr darles la refracción de estas verdades en el sentido. Sería necesario llegar a dar la idea de una estructura que encarnaría el sentido de una manera correcta. Contrariamente a lo que se dice, no hay verdad sobre lo real, puesto que lo real se perfila como excluyendo el sentido. Sería todavía demasiado decir que hay real, porque decirlo, es suponer un sentido. La palabra real tiene ella misma un sentido, e incluso yo he jugado en su momento al respecto evocando el eco de la palabra reus, que en latín quiere decir culpable –uno es más o menos culpable de lo real. Es por eso que el psicoanálisis es una cosa seria, y que no es absurdo decir que puede deslizarse en la estafa”23.

No es absurdo por la siguiente razón: el psicoanálisis puede deslizarse en la estafa porque no hay manera de anticipar controladamente la intervención del analista, ni el sentido de su interpretación, como no hay manera de garantizar previamente que el modo de proceder del analista sea el correcto. De ahí que el problema central del análisis sea la fundamentación de una ética apropiada a su uso. Pero la ética de que se trata es cuestión de fundarla con la teoría misma. A esto apunta la necesidad de esclarecer lo que se juega en el proceso analítico y cómo jugarlo. En esto, la teoría del objeto que se tenga es esencial porque demarca el derrotero a seguir en la práctica.

Lo anterior podríamos acuñarlo mejor diciendo lo siguiente: porque siempre está convocado por la falta (el vacío de la pulsión), el sujeto (del inconsciente) está hecho para faltar. Por eso la verdad del inconsciente es la equivocación, el error, el lapsus, la falla. El sujeto está allí donde se sustrae y no aparece. Y no puede aparecer porque lo que se repite es la huella de un goce que no tuvo nombre, de un goce que no fue nombrado pero que se reitera capturado en la letra, que en vano llama al sujeto en su representación ausente. Esto es lo que se conoce como compulsión de repetición en psicoanálisis. Se designa compulsión porque es ansia frenética de reencuentro con un sujeto que ya no está pero que alguna vez fue en su goce, confundido con el objeto-letra en el que se presentifica –cada vez que se hace presente en el habla– a través de la falla que corta la continuidad de la cadena significante. El sujeto deja de ser así lo que un significante representa para otro significante y pasa a ser la huella vacía del objeto-letra en el que se re-signa24. Esto deja de lado muchos de los modos usuales de interpretación en psicoanálisis; pone en el centro de la reflexión el problema de la duración del tiempo de las sesiones y de la oportunidad del corte durante la sesión; impone la veracidad del silencio del analista y plantea, como problema ético esencial, el fin de la tarea analítica.


1 Jacques Lacan, De un otro al Otro, medio magnético, clase del 26 de marzo de 1969.
2 Cfr. Al respecto, Joël Dor, “El sujeto y la subversión de la lógica”, en Introducción a la lectura de Lacan II, La estructura del sujeto, Barcelona, Gedisa, 1994.
3 Estas nociones fueron presentadas por los matemáticos. Dada su importancia en la teoría de Lacan, introduzco la siguiente precisión que trae la psicoanalista Diana Rabinovich: “La inconsistencia es el punto en que existen en un sistema dos proposiciones contradictorias entre sí, cada una de las cuales, por separado, es verdadera o falsa, pero no indecidible. En la prueba de Gödel, en cambio, la incompletud es generada por un postulado acerca del cual es imposible decidir si es verdadero o falso”. Diana Rabinovich, Una clínica de la pulsión: las impulsiones, Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1992, pág. 48.
4 Ver, para esto: Gottlob Frege, Ensayos de semántica y filosofía de la lógica, Madrid, Editorial Tecnos, 1988.
5 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 20: Aún, Buenos Aires, Ediciones Paidós, 1991, pág. 84.
6 “¿Por qué el toro? ¿Por qué Lacan desde que lo introduce no deja de recurrir a esta superficie topológica? Porque, a diferencia de la esfera, el toro en su estructura posee un agujero irreductible. Es de la función del agujero de la que se sirve para presentar aquello que en la estructura del sujeto es del orden de lo irreductible: el vacío que lo constituye. Ni defecto, ni falla: falta. Agujero intrínseco estructural y estructurante. Escritura posible de lo imposible de representar”. Clara Cruglak, “La escritura del agujero”, en Clínica de la identificación, Buenos Aires, Ediciones Homo Sapiens, 2000, pág. 29.
7 Jeanne Granon-Lafont, La topología básica de Jacques Lacan, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1987, pág. 18.
8 “J. A. MILLER: -La pregunta se refiere a la relación de la pulsión con lo real y a las diferencias entre el objeto de la pulsión, el del fantasma y el del deseo.
J. LACAN: -El objeto de la pulsión debe situarse en el plano de lo que llamé metafóricamente, una subjetivación acéfala, una subjetivación sin sujeto, un hueso, una estructura, un trazado que representa una faz de la topología”. Jacques Lacan, El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1990, pág. 191. Diana Rabinovich hace de esta respuesta, la siguiente lectura: “El objeto a presenta una comunidad topológica en el deseo y en la pulsión. El objeto a es pues siempre solidario de una topología que por estructura rehúsa la delimitación externo-interno, adentro-afuera. Se plantea pues la especificidad de la misma en relación con el deseo y la pulsión”. Diana Rabinovich, op. cit., pág. 9.
9 Juan David Nasio, “Topologería”, en Los ojos de Laura, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1988, pág. 130. Para una mejor comprensión del uso de la topología del cross-cap, ver: Joël Dor, “El sujeto – El objeto a y el fantasma $<>a”, en Introducción a la lectura de Lacan, op. cit., pág. 209.
10 “La equivalencia, la sustitución posible del objeto a en la conjunción al otro es característica de un cierto mundo, del mundo macroscópico que ha prevalecido hasta una cierta fecha del mundo, donde el hombre se repliega y se adhiere a la realidad de otro preformado, de aquél que lo hace a su imagen, en imagen semejante y a la vez invertida. El corte en la historia y también en el estatuto del sujeto como tal, es el momento en que ese partenaire sustituya la función del objeto a. [...] Es en tanto que yo soy a que mi deseo es el deseo del Otro, y es por ello que por allí pasa toda dialéctica de mi relación con el Otro, que definí por relación de la alineación. [...] El a sustituyéndose allí, nos permite el otro modo de la relación, el de la separación de algo donde yo me instauro como caído, como reducido al rol de jirón, en lo que ha sido esta estructura del deseo del Otro por la cual el mío ha sido determinado al hecho que la sutura, que la adherencia de mi relación subjetiva, de mi posición subjetiva como ser, pueda ser encontrada en el objeto a. Es allí por donde pasa la verdadera naturaleza de mi dependencia del Otro, y especialmente de su deseo, pues el fantasma no es otra cosa que esta conjunción del sujeto con el a, gracias a la cual una falaz completitud viene a recubrir lo que de ello es imposible, de lo real.” Jacques Lacan, Problemas cruciales para el psicoanálisis, versión del grupo Verbum, s.f., págs. 233-234.
11 Ibid., pág. 174.
12 Jacques Lacan, De un otro al Otro, op. cit.
13 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 8: La transferencia, Buenos Aires, Paidós, 2003, pág. 429.
14 Diana Rabinovich, op. cit., pág. 48.
15 Jacques Lacan, RSI, medio magnético, clase 6 del 18 de febrero de 1975.
16 Diana Rabinovich, La angustia y el deseo del Otro, Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1993, pág. 28.
17 “Tengo la voz, la mirada, los excrementos y el seno. Cada uno de estos objetos, de estas variantes del objeto o especie del objeto a, tiene dos referencias: 1) La referencia al borde del Otro (¿a qué orificio del cuerpo está ligado ese objeto pulsional?) y, 2) La posición del gran Otro. ¿En qué posición está el Otro? ¿Otro al que se le pide?, entonces se está en situación de demanda al Otro; ¿Otro que es el que demanda?, entonces se está en la posición de rechazar lo que se pide”. Juan David Nasio, La mirada en psicoanálisis, 2ª. edición, Buenos Aires, Gedisa, 1994, págs. 101-106.
18 A propósito de esto, cabe anotar la certera observación hecha por Stoian Stoïanoff, a propósito de la lectura que este psicoanalista hace del seminario Problemas cruciales para el psicoanálisis: “El recurso a las significaciones brindadas al analista por las figuras topológicas que Lacan se dedica a manejar en este seminario, tiene por mira responder a la pregunta: ¿Por dónde hacer pasar el corte interpretativo?”. Stoian Stoïanoff-Nénoff, Problemas cruciales para el psicoanálisis - Una lectura del seminario XII de Jaques Lacan, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1997, pág. 274.
19 “La mirada no puede verse porque no tiene imagen, no hay imagen de la mirada. Lacan diría: el objeto a no es especularizable, es decir, no tiene imagen. Si la mirada no es visible, ¿hay algún modo de darle materialidad, podemos ver esa mirada, hay alguna manera de pensar de un modo temporo-espacial a la mirada? Esta pregunta es pertinente para todos los objetos a. ¿Hay algún modo de presentificar la voz, de presentificar el objeto anal, oral, lo que es el goce? [...] Diría que hay dos aproximaciones: una es la topología y otra es la experiencia de análisis”. Juan David Nasio, La mirada en psicoanálisis, op. cit., págs. 76-77.
20 Jacques Lacan, RSI, op. cit., clase 10 del 15 de abril de 1975.
21 De hecho, ya antes había dicho lo siguiente: “cuando se trata de la estructura –ya lo he dicho– debe ser tomado en el sentido de lo que es lo más real, es lo real mismo. Y cuando dije, en un tiempo en que aquí en el pizarrón dibujaba, hasta manipulaba algunos de esos esquemas con los cuales se ilustra lo que se llama la topología, yo subrayaba ya que allí no se trata de ninguna metáfora”. Jacques Lacan, De un otro al Otro, op. cit., clase 2 del 20 de noviembre de 1968.
22 A este respecto, cabe anotar la aclaración que trae el psicoanalista Serge André en uno de sus libros: “El término (fraude, estafa) debe tomarse con prudencia, sin duda. Nos lleva a la dialéctica del semblante, entre engaño y mascarada. Lacan quiere decir con ello que el psicoanálisis parece prometer un sentido (el sentido sexual), pero este sentido finalmente queda sin abrochar. El fraude no es tanto del psicoanalista como del propio significante, ‘ese S1 que parece prometer un S2’”. Serge André, ¿Qué quiere una mujer?, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2002, pág. 279.
23 Jacques Lacan, Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra, medio magnético, clase 10 del 15 de marzo de 1977. Algunos psicoanalistas han impugnado esta traducción del título de este seminario. A cambio, proponen la siguiente: El fracaso del inconsciente (Unbewusste = la una equivocación) es el amor. De esta clase titulada: Hacia un significante nuevo: I. la estafa psicoanalítica, existe una versión establecida por Jacques-Alain Miller en la revista Ornicar? núms. 17/18.
24 “La letra puede concebirse en un plano diferente al del significante. Cuando hay inconsciente, la letra funciona bajo su gobierno”. Daniel Paola, Lo incorpóreo, Buenos Aires, Ediciones Homo Sapiens, 2000, pág. 27.


Revista De Psicoanálisis Desde El Jardín De Freud, Vol 3 (2003)
Universidad Nacional de Colombia


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